El ex Secretario de Seguridad de Lanús sostiene que es necesario una presencia constante, no solamente con “un operativo puntual ni con la foto del allanamiento”.
A principios de agosto un joven fue asesinado a balazos en el barrio Acuba, del municipio de Lanús, con cuatro impactos de arma de fuego. Según fuentes judiciales hay una investigación en curso que investiga una red de narcotráfico.
Luego del hecho, en el interior de la casa dónde sucedió el ataque secuestraron varias armas y proyectiles de fuego. Fuentes policiales informaron que el 5 de agosto habían solicitado un allanamiento en la casa donde ocurrió el crimen, como parte de una causa que investiga robo agravado y abuso de arma.
Las últimas semanas el Municipio del intendente Julián Álvarez viene siendo noticia por varios hechos de inseguridad. Para Diego Kravetz, Especialista en Seguridad e Inteligencia y ex Secretario de Seguridad de Lanús, la secuencia no es una excepción: es el patrón que se repite cuando falta lo más difícil de conseguir en materia de seguridad, que no es tecnología ni presupuesto sino decisión política.
“La seguridad es dominio del territorio físico y del territorio digital. Cuando ese dominio se pierde, el espacio no queda vacío: lo ocupan las organizaciones criminales, y especialmente las bandas narco, que construyen sobre la ausencia estatal una presencia paralela con reglas propias, economía propia y capacidad de fuego propia”, sostiene Kravetz.
Lo que sucede en Lanús no es un fenómeno aislado, es la expresión local de una dinámica que se observa en múltiples puntos del Conurbano: el Estado aparece, interviene, se va y el crimen vuelve.
Para el actual Subsecretario de Operaciones de la SIDE hay dos modelos que brindan soluciones posibles: Río de Janeiro, donde una intervención policial de gran escala en las favelas intentó restablecer presencia estatal en zonas tomadas por el crimen organizado, y Rosario, con el Gobierno Nacional sostuvo una estrategia en el tiempo y logró revertir índices de violencia que habían convertido a la ciudad en un caso de estudio internacional.
“La seguridad necesita decisión política. Sin decisión, el territorio queda en manos de los delincuentes”, profundiza.
Diego Kravetz lleva años advirtiendo que ese modelo reactivo es estructuralmente insuficiente: “un Estado que demuele búnkeres después de los muertos no está controlando el territorio, está administrando su propia ausencia”.
